Con estos pegadizos acordes electrónicos minimalistas, obra del músico Cristobal Tapia de Veer, da comienzo ‘Utopia’, la última y fascinante sensación de la ficción televisiva británica (Channel 4), creada por Dennis Kelly.
Los ingleses lo están petando. ‘Black Mirror’, ‘Sherlock’, ‘Dead Set’, ‘Luther’, ‘Misfits’, ‘Downton Abbey’…son solo una muestra de como, poco a poco, los británicos se están comiendo el pastel televisivo, dominado en los últimos años por la ficción ‘made in Usa’. La HBO va a tener que ponerse las pilas porque las ideas, tramas, giros argumentales y planteamientos estéticos que aportan las últimas producciones inglesas, están dejando boquiabierto al personal, y parece que la cosa no tiene intención de parar. Son series con temporadas de pocos episodios, guiones muy elaborados, personajes carismáticos y una potente crítica social que acaban salpicando de una manera u otra la mayoría de las tramas, algo que contrasta con las americanas, donde la mayoría alargan su existencia con temporadas insustanciales en las que los guionistas se limitan a poner el piloto automático y estirar el chicle hasta la extenuación.

Pero, ¿de que va ‘Utopía’? Es algo difícil de contestar. Cuanto menos sepa de antemano el espectador, mucho mejor. La serie de 6 episodios (aún no sabemos si tendrá una segunda temporada), gira en torno a un grupo de personajes unidos a través de una novela gráfica, que todo el mundo quiere encontrar y que no es lo que parece. Dentro de sus páginas, se ocultan una serie de mensajes que traerá de cabeza hasta las más altas esferas del Gobierno y que apunta a una conspiración a escala mundial.
Personajes bien construidos, cuidadísima puesta en escena, fotografía ultrapreciosista, violencia arty, trama laberíntica plagada de giros argumentales y un grupo de actores soberbio (en el que destacan los veteranos James Fox, Stephen Rea, Geraldine James, y el joven Nathan Stewart-Jarrett, el negro de ‘Misfits’), son sus credenciales.
Y, por supuesto, la serie cuenta con una frase destinada a convertirse en mito: ‘Where is Jessica Hyde?’


‘Los amantes pasajeros’, la última película de Pedro Almodóvar funciona como un chupito, como uno de esos brebajes a base de mescalinas y agua de Valencia, que preparan el trío de azafatos protagonista. Un sorbo divertido, loco y efervescente que se disfruta sin mayores miramientos, pero que, si nos ponemos tiquismiquis no deja el regusto y el sabor de sus mejores licores. Su falta de pretensiones y su salto sin red a la comedia deslenguada que tan bien ha dominado el director desde los inicios de su carrera, hacen que la película fluya y funcione como lo que es, un ejercicio de divertimento chispeante y frívolo, que encierra también algún que otro caramelo envenenado susceptible de segundas lecturas.
El director se ha valido de un reparto coral y el espacio reducido del interior de un avión (con una única licencia para salir al exterior), para enfrentar a los personajes a una situación límite, con los típicos conflictos, enredos, y la posterior catarsis que esto conlleva. Lo consigue, aunque por experiencia sabemos que las rocambolescas ideas del director dan para mucho más y esto precisamente es algo que echamos de menos.
Pero no nos demos golpes en el pecho, ni cojamos el tizón por la brasa. No olvidemos los orígenes del director. Precisamente esa condición de película menor, de comedia ligera, con la que fue concebida, hace que no podamos reprocharle nada y que el espíritu festivo que la inunda acabe anulando cualquier consideración académica. Porque nadie podrá negar, si se conoce la trayectoria completa de Almodóvar, que la película encaja perfectamente dentro de su filmografía (con escenas que entran a formar parte desde ya, de su particular imaginario mítico), y que, consciente o inconscientemente, completa una trilogía de culto junto a ’Matador’ y ‘Kika’, dos de sus películas más incomprendidas, que tanto en los 80, como en los 90, fueron recibidas con extrañeza y desconcierto, pero que las nuevas generaciones y el paso de tiempo (como los buenos vinos), han sabido poner en su sitio.
‘Los amantes pasajeros’, Pedro Almodóvar, 2013

Gilderoy, un tímido y apocado ingeniero de sonido británico llega a Italia, para sonorizar una película de terror. De repente, al llegar a los Estudios, se encuentra con una serie de problemas que no esperaba. La barrera del lenguaje, los modales de sus nuevos compañeros, sus excéntricas técnicas de trabajo, y sobre todo: la película (un giallo), hacen que poco a poco pierda levemente la percepción de lo que está pasando.

La película es un sugerente y precioso homenaje al cine (a través de un género que popularizaron en los 70, Mario Bava, Dario Argento o Lucio Fulci), desde algo tan concreto y abstracto como el sonido. Con una cuidadísima banda sonora de Broadcast y un ejemplar uso del ‘fuera de campo’, asistimos a todos los trucos y técnicas de trabajo del equipo para registrar los efectos sonoros de una película de la que solo escuchamos gritos, cuchilladas, susurros y asesinatos, pero de la que no vemos nada. Lo fantástico del film es cuando el género comienza a traspasar la pantalla de cine, y los personajes, sobre todo Gilderoy (interpertado por un sobresaliente, Toby Jones), empieza a vivir su propia película de terror, con esas escenas que nos recuerdan al mejor Lynch o a ‘Barton Fink’ de los Coen.
‘Berberian Sound Studio’, Peter Strickland, 2012
Josh Radnor ha madurado. En su ópera prima, ‘HappyThankYouMorePlease’, todo eran buenas intenciones, y su intento de resultar moderno, fresco y relevo indie de Woody Allen, al final se quedaba en caricatura inverosímil post adolescente.
En su último trabajo, se nota que la historia ha reposado y que ha sabido volcar sus constantes inquietudes del paso a la madurez, de forma irónica, delicada, incluso tierna, a través de unos personajes reconocibles y carismáticos. Y es que Radnor ha jugado con ventaja; no todos tienen la oportunidad de contar con la ayuda de unos secundarios de lujo: Richard Jenkins, Allison Janney, Zac Efron, y la robaescenas más bella que hemos visto en los últimos años: Elizabeth Olsen.
‘Amor y Letras (Liberal Arts)’, Josh Radnor, 2012
Sinónimo de misterio, enigma, leyenda y a la vez paradigma de esa estirpe de músicos geniales que por azares del destino acaban convirtiéndose en absoultos desconocido para el mundo, Sixto Rodríguez (conocido dentro de la industria musical como Rodríguez), es la figura a través de la que gira uno de los mejores documentales que se han estrenado recientemente.
Una historia increíble , que pone los pelos de punta por la emoción que transmite, que nos hace mejores personas y que, por un momento, parece devolvernos la confianza en el ser humano.
Y luego están sus canciones, que son oro puro.
‘Searching for Sugar Man’, Malik Bendjelloul, 2012